Aprendiendo a decidir


A todos, en mayor o menor medida nos ha costado en alguna ocasión tomar una decisión. Y es que decidir no resulta fácil.
Es por ello, que muchas veces, casi sin darnos cuenta respondemos “no sé, cómo tú veas”, “me da igual”, “lo que tú prefieras”… Son respuestas automáticas, que nos ayudan en nuestro día a día a salir del paso y en definitiva, a huir de tomar una decisión, por nimia que parezca.
Pero cuando se trata de retrasar decisiones trascendentes para nuestra vida, ya entonces, estamos hablando de cosas más importantes.
Si nos paramos un momento a pensar, cuando decidimos, lo que estamos haciendo realmente es dejar de lado otra cosa, optar por una y rechazar otra. Ésta es una de las características que tiene la toma de decisiones y que hace que a veces nos cueste tanto ponerla en práctica.
Otro aspecto que nos retrasa a la hora de decidir es, que si nosotros tomamos una decisión, inmediatamente nos hacemos responsables del resultado de la misma. A veces, es más fácil que nos digan que es lo que tenemos que hacer, que decidir hacerlo, ya que así podemos atribuir la responsabilidad al que me dijo lo que tenía que hacer.
Muchas veces, el miedo a lo que dejamos atrás, las dudas acerca de si decidimos lo correcto, las consecuencias de esa decisión,… es realmente lo que nos paraliza y hace que no nos terminemos de decidir.
Pero…la vida está hecha para caminarla sobre nuestros propios pasos, nuestras propias decisiones, no sobre los pasos que otras personas, el miedo, las dudas, las consecuencias,… que nos vayan marcando. De ahí la importancia de aprender a tomar decisiones, LA VIDA NO ESPERA.
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