Claves para vencer la ansiedad

Claves para vender la ansiedad
Muchas son las personas que la padecen, pero muy pocas las que conocen que se puede vencer la ansiedad, siempre y cuando se mantenga una actitud positiva y se trabaje activamente para vencerla.
Se tiende a comentar que, la ansiedad, es en sí una de esas “enfermedades” que acompañan jornada a jornada los nuevos tiempos en que vivimos, especialmente, porque a día de hoy, somos mucho más conscientes de aquellos “problemas” que, de forma psicológica, nos afectan en su mayor expresión, en su mayor medida.
Y es que, al igual que existen sujetos diversos y tan diferentes, en cada persona se da un tipo de ansiedad distinto, que la afectará de forma más directa o menor, según la situación actual en la que se pueda encontrar.
Pero, para llegar a comprender hasta en qué sentido nos afecta, debemos conocer cuáles serían los diferentes síntomas en que hace su aparición; en especial, porque de esta manera podremos saber si en realidad la padecemos o no.
Dentro de esos mismos síntomas, encontraríamos dos tipos bien diferenciados, teniendo en cuenta, sobre todo, la forma y el modo en que hacen su aparición: psíquicos y físicos.
Con respecto a los síntomas psíquicos, el nerviosismo, la tensión, una excesiva preocupación por sí mismo y/o por los demás, ganas terribles de llorar, o insomnio, son algunas de las formas más comunes.
Con respecto a los diferentes síntomas físicos, los identificaremos por vértigos, náuseas, palpitaciones, debilidad, aumento de la transpiración, temblores, mayor frecuencia respiratoria, incluso colon irritable, etc.
Pero, ¿Se puede vencer la ansiedad?
Si bien, se suele decir que, una persona ansiosa, lo será para toda su vida, no hay nada más equivocado que esta expresión, y una actitud aún más errónea sería no hacer nada.
Cada persona tiene el poder -y la facultad- de tomarse las cosas con más calma, con una mayor tranquilidad, afrontando los diferentes hechos y sucesos que nos puedan ocurrir, de forma mucho más positiva.
Debemos pensar que las situaciones “ideales” o “perfectas” no existen, y que cada experiencia que nos suceda, por muy dolorosa que ésta sea, puede convertirse en una oportunidad más de aprender, de vivir el día a día, con esas pequeñas enseñanzas que las cuestiones más mínimas nos ofrecen.
En este caso, sería interesante adoptar una muy buena frase, que podría valer para casi todo: Si tiene solución, ¿para qué te preocupas? Y, si no la tiene, ¿para qué te preocupas?
No hay que olvidar que precisamente esas preocupaciones diarias son las que pueden aumentar o no nuestro nivel de ansiedad.
Eso sí, la mejor manera posible, podría ser el adoptar una actitud positiva ante la Vida, y afrontar con cierta serenidad los distintos y diversos contratiempos que se puedan producir.
Porque, en sí, nadie dijo que la Vida sea fácil, pero sí una bella experiencia que cultivamos jornada a jornada.
 
 
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