¿Cómo fomentar nuestra creatividad?


La creatividad es nuestra habilidad de encontrar soluciones inteligentes y útiles a nuestros problemas y retos diarios. Idear algo nuevo y materializarlo, volverlo real y tangible. La capacidad de imaginar y crear. Una capacidad que consiste en aportar las herramientas a nuestros sueños.
 
Esta capacidad debería mantenerse a lo largo de nuestra vida, sin embargo, los estudios sugieren que ese torrente potencial que tiene el ser humano, a medida que nos vamos haciendo mayores tendemos a reprimirla.
 
Cuando hablamos de creatividad, es necesario hacer referencia al pensamiento divergente, ya que es el responsable de la creatividad. El pensamiento divergente es “la capacidad para generar alternativas lógicas a partir de una información dada, cuya importancia se evalúa en función de la variedad, cantidad y relevancia de la producción a partir de la misma fuente (Romo, 1987)”. Dicho de otro modo, el pensamiento divergente nos permite encontrar respuestas múltiples a una misma pregunta.
 
Cuando creamos, estamos aplicando 3 fases:
– El soñador: primera fase: en la que uno se plantea ¿qué es posible? ¿qué podemos hacer? ¿hay algo nuevo? ¿a dónde podemos ir?
– El realista: segunda fase: ¿cómo podemos llegar allí? ¿cuáles son los pasos concretos para ello? ¿cómo pasamos de donde estamos ahora al sueño?
– El crítico: tercera fase: es necesario que entre en juego el aspecto crítico, que lo miremos todo y nos planteemos lo siguiente ¿falta algo? ¿la idea es lo suficientemente buena? ¿se puede hacer a tiempo? ¿se puede llegar?
 
Hay que decir que son necesarios los tres estilos. El soñador, sin el realista o el crítico, es solamente un soñador. Con seguridad, que al leer estás líneas, te has sentido reflejado en uno de los tres estilos. Normalmente destacamos por ser soñadores, realistas o críticos, pero todos podemos aprender a ser las tres cosas, todos podemos mejorar.
 
Por tanto, si de lo que hablamos es de una capacidad o habilidad, como todas, puede trabajarse, fomentarse o mejorarse. Pero… ¿cómo?
 
Para empezar, os proponemos un sencillo consejo: dedica un espacio diario para soñar, en el que al entrar dejes fuera al realista y al crítico que nos habita. Un espacio donde hacernos preguntas sin límites, donde dejemos volar nuestra imaginación sin frenos. Este espacio puede variar según la persona, desde la habitación o lugar de trabajo, hasta la playa o el rincón de tu ciudad preferido. Cualquiera es válido, siempre que no te olvides dejar fuera al realista y al crítico.
 
Nuestra mente, al igual que nuestro cuerpo, necesita ser ejercitada. Es otro de los pilares de la creatividad. Mantente actualizado con las noticias sobre lo que pasa en el mundo, fomenta entre los tuyos el debate sobre temas que os interesen, muéstrate abierto a aprender cosas nuevas, a conocer gente, o sitios donde nunca hayas estado.
 
El estado de ánimo es otra de las variables que juega un papel importante en nuestra creatividad. Un estado de ánimo positivo predispone a nuestro cerebro a un estado de apertura, lógicamente necesario para generar ideas. Con lo que una buena opción antes de irse al espacio dedicado para soñar, es que veamos ese video que tanto nos hace reír.
 
La mayor enemiga de la creatividad es la rutina. Es inevitable que nos fijemos horarios y responsabilidades que no podamos dejar pasar en nuestro día a día, pero ¿y si cambiamos el camino de casa al trabajo o el lugar de desayuno? Modificar en lo posible nuestro día a día ayuda a fomentar la creatividad.
 
No dejes que el día a día te absorba y te haga olvidar cuáles son tus sueños y aspiraciones. Encontrar un momento al día para poder relajarnos y dejar de lado las preocupaciones es vital, tanto para nuestro bienestar como para mejorar la creatividad.
 
 Cada niño es un artista, el problema es cómo seguir

 

 siendo artista una vez que crecemos (Pablo Picasso).

 

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