¿Cómo influyen nuestros pensamientos en nuestras emociones?


¿Cómo influyen nuestros pensamientos en nuestras emociones?
Queríamos empezar esta entrada con una pregunta:
Ante una misma situación ¿todos nos sentimos igual? Veámoslo.
“Cristina está tomando un café con su grupo de amigos. Hace un comentario relajado y Marta, su mejor amiga, se burla de ella y le rectifica. Cristina se siente muy triste y ya no abre la boca durante el resto del tiempo que están juntos”.
¿Por qué Cristina se siente como se siente?
¿Por qué actúa como actúa?
La situación es importante, si no hay situación no hay reacción. Pero lo que resulta clave para explicar cómo nos sentimos y por qué hacemos lo que hacemos son los pensamientos. La manera exacta en que cada uno de nosotros interpretamos las distintas situaciones que vivimos, influye en las emociones que sentimos y la forma de comportarnos. Por ejemplo:
A la mente de Cristina acudieron las siguientes ideas “he hecho el ridículo, no es tan buena amiga, no debería haber hablado, estoy mejor callada”.
Cuando estamos ante una situación, es imposible no hacer una interpretación o valoración, y ésta nos provoca una emoción y un sentimiento. La situación es importante, es de dónde parte todo, pero sin los pensamientos no se podría explicar lo que sentimos y cómo actuamos.
Nuestro cerebro es como el más poderoso de los ordenadores. Para que un ordenador ejecute cualquier programa, es necesario teclear instrucciones. Para que se activen los programas de las diferentes emociones y de los diferentes comportamientos, también es necesario dar instrucciones. Esas instrucciones son nuestros pensamientos.
Cómo se habría sentido y habría actuado Cristina si hubiera pensado “bueno, ya la conoces, es una bocazas, no controla lo que dice”.
Probablemente se hubiese sentido sólo ligeramente enfadada por la respuesta de su amiga.
Aunque cada persona piensa de una forma, todos compartimos elementos en común. Por ejemplo, si nos sentimos tristes y dejamos de salir, los pensamientos que tenemos son negativos. Pensamos cosas negativas de nosotros mismos, del mundo que nos rodea, de los demás y del futuro.
Pensamiento – Emoción – Conducta es círculo vicioso que hay detrás de cada estado en el que nos encontramos. Pero, la buena noticia de todo esto es que al igual que funciona en negativo, funciona en positivo. Es decir, pensamientos positivos, generan emociones positivas y conllevan conductas positivas.
Ahí radica la importancia de cultivar nuestros pensamientos. Intentar objetivizar los negativos y traducirlos a pensamientos positivos.
Fuente: Pastor y Sevillá, 2011.
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