Me doy permiso, por Joaquín Argante

me doy permisoMe doy permiso, por Joaquín Argante

 

Os traemos un extracto del libro “Medoy permiso para…” de Joaquín Argente que nos invita a reflexionar. Esperamos que os guste.

 

“Me doy permiso para equivocarme no una sola vez sino todas cuantas veces me suceda. Me doy permiso para equivocarme y no sentir que por un pequeño o gran error el mundo va hundirse en torno mío. Siempre hay segundas, tercera, cuartas … y muchas más posibilidades.

 

Me doy permiso para no estar explicando todo lo que hago, aunque les parezca extraño a los demás. Me permito no estar justificando mi existencia ante padres, marido o mujer, hijos, amigos o compañeros de trabajo.

 

Me doy permiso para no precipitarme ni dejarme presionar por mi pareja, mis hijos, mi jefe o por quienquiera que sea. No soy una persona torpe. Mi torpeza en muchas ocasiones ha sido producto de la urgencia y la presión a la que me he dejado someter. No más miedo, no más torpeza: destreza, belleza y seguridad.

 

Me doy permiso para gozar de buena salud, de plena salud. Decido no provocarme dolores físicos ni enfermedades leves o graves para poder aminorar mi ritmo de vida sobrecargado. Soy adulto y capaz de autorregularme. No son las figuras exteriores las que deciden por mí. Me doy el descanso necesario, los alimentos, las pausas, el sueño y todo lo necesario para gozar de buena salud.

 

Me doy permiso para No estar hipersensible a las críticas cuando me dicen que no sé hacer algo. No he nacido para saberlo todo: ni es posible saber acerca de todo. Los que afirman que no sé hacer una u otras cosas concretas, despiertan mis antiguos sentimientos de insuficiencia inculcados en la infancia.

 

Me permito Muchas situaciones de calma, de suavidad, de no estar estimulado ni hundido sino en un bienestar ligero, como a veces me parece que están algunos árboles y plantas: están ahí, erguidos sin necesidad de poner fuerza, sin vaivenes de adrenalina. Están. Son.

 

Me permito tener límites, todos esos límites –saludablesno son lo contrario del proceso expansivo de la vida sino que la hacen más fácil y posible, más gozosa y sin cargas innecesarias: sin tanta exigencia agotadora. ¿No recuerdan que los juegos que jugábamos cuando éramos niños nos divertían hasta carcajadas incontrolables porque habían normas, es decir, límites?

 

Las normas no impiden el juego sino lo contrario: lo hacen posible y más apasionadamente porque estimulan el ingenio. Sin normas la vida tampoco es soportable ya que entramos en una situación de arbitrariedad enloquecedora. Las normas son necesarias hasta para transgredirlas. El límite implica, además y necesariamente, algo muy bello: el contacto. Porque el límite y el contacto son las dos caras de una misma moneda: la expansión de la vida”.

 

Fuente de la imagen: http://m1.paperblog.com/i/176/1769244/doy-permiso-L-SYWuS_.jpeg

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