Nuestros derechos asertivos


Los derechos asertivos son aquellos que asumimos que tiene cualquier ser humano por el hecho de serlo. Según al autor que se consulte, podemos encontrarnos que hace referencia a diferentes derechos, pero en realidad los podemos resumir en los siguientes (Roca, 2007):
         Derecho a ser tu propio juez: significa que tienes derecho a tener tus propias opiniones y creencias; a evaluar tus sentimientos y conducta, y a aceptarlos como válidos si así te lo parecen, aunque a otros no les parezcan aceptables. Es el más importante y del que parten todos los demás. Supone ponernos de acuerdo con nosotros mismos para decidir qué quiero; aprender a juzgar mis acciones con claridad; elegir yo mismo mi escala de valores y mis principales metas, y que me habitúe a actuar de acuerdo con todo ello.
La mayoría de las personas tendemos a irritarnos cuando los demás no actúan de acuerdo con sus valores. Pero, si aceptamos que cada uno es su propio juez, tendremos que estar de acuerdo en que cada uno trate de ser fiel a sí mismo. La clave radica en respetar y reconocer la singularidad de cada individuo y en aceptar que todos tenemos derecho a tener nuestras propias opiniones.
         Derecho a elegir si nos hacemos o no responsables de los problemas de los demás. Este derecho incluye que seamos capaces de anteponer nuestros intereses a los de los demás, al menos en ocasiones.
Esto no significa ni mucho menos que seamos egoístas. Nuestras necesidades son tan importantes como las de los demás y cada uno de nosotros es el máximo responsable de satisfacerlas, por lo que hay que tenerlas muy en cuenta y, a veces, anteponerlas.
         Derecho a elegir si queremos o no dar explicaciones.
No tenemos por qué sentirnos obligados a dar explicaciones sobre nuestro comportamiento para que los demás decidan si es acertado, correcto o incorrecto, ni para intentar convencerlo de que no estás equivocado. Por supuesto, los demás siempre tendrán la opción de decirnos que no les gusta lo que hacemos, pero hay que tener claro que los verdaderos responsables de nuestra vida, nuestras emociones y nuestras conductas somos cada uno de nosotros.
         Derecho a cambiar de opinión. La realidad es muy compleja y puede verse desde distintos ángulos, por ello, para ser realistas y un conseguir un máximo de bienestar, conviene aceptar que cambiar de opinión es algo saludable y normal.
         Derecho a cometer errores. Si creemos, de forma autoexigente, que no debemos cometer errores, cuando los cometamos reaccionaremos pensando y sintiendo que hemos hecho algo malo, que eso es terrible y que somos unos ineptos. Pero si somos asertivos y, por tanto, juzgamos por nosotros mismos nuestros propios errores, reconoceremos tranquilamente que ha sido un fallo, viéndolo como algo normal y sin sentirnos culpable por ello.
         Derecho a decir “no lo sé”: consiste en responder tranquilamente que no sabemos algo, cuando la ocasión lo requiera. Incluye también el atrevernos a preguntar lo que desconocemos.
Se basa en aceptar que es imposible saberlo todo, y que no necesitamos tener respuestas a todas las cuestiones, para sentirnos bien y ser eficaces y valiosos.
         Derecho a no necesitar la aprobación de los demás. Las relaciones interpersonales son muy importantes y es muy grato gustar a los demás. Pero intentar agradar a todos es imposible e incluso contraproducente.
Mucha gente se horroriza en cuanto alguien amenaza con retirarle su afecto, o se lo retira. Quedan paralizados y no aciertan a actuar en su propio beneficio. Pero nunca seremos libres si no somos capaces de arriesgarnos a hacer lo que realmente queremos, aunque eso pueda reportarnos la antipatía de otras personas.
         Derecho a tomar decisiones ajenas a la lógica. A menudo, nuestros sentimientos acerca de algo o alguien están mezclados y confusos. Los experimentamos en diferentes grados según el momento y el lugar y, a veces, deseamos cosas contradictorias al mismo tiempo. Por tanto, la lógica y el razonamiento son poco eficaces para resolver problemas creados por motivaciones en conflicto.
         Derecho a no comprender las expectativas ajenas. No estamos obligados a adivinar las necesidades y deseos de los demás. Aunque en la mayoría de las situaciones nos convenga estar atentos y tratar de tenerlas en cuenta, es lógico y conveniente que sean las personas implicadas las que expresen sus deseos.
         Derecho a no intentar alcanzar la perfección. Si nuestras expectativas son realitas, no esperaremos ser perfectos, ya que los humanos estamos llenos de limitaciones. Bastará con que hagamos las cosas en la forma honestamente más satisfactoria que podamos. El crecimiento personal no es sinónimo de perfección.
Para finalizar, nos gustaría apuntar una reflexión. No hay que confundir derechos con preferencias (por ejemplo, sería una equivocación pensar que para ser asertivo es preferible cometer errores). Los derechos asertivos consisten en atreverte a ser tu propio juez, trazar tus propias metas (es de esperar que éstas sean beneficiosas para ti y, en lo posible, para los demás) y no dejarte manipular por los demás. Pero cuidado, ejercerlos no impide que tengas en cuenta las opiniones ajenas, des explicaciones cuando te parezca adecuado, y procures ser amable, hacer las cosas bien y gustar a los demás, siempre que eso no te impida ser fiel a ti mismo.


Los derechos asertivos son tan válidos para nosotros
mismos como para el resto de personas de nuestro entorno.
Por tanto, lo lógico es respetar en lo posible esos derechos en los demás.
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One thought on “Nuestros derechos asertivos

  1. Re-educad@s dice:

    Una entrada fantástica. Me gusta mucho el estilo del Blog. Enhorabuena.

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