
Los errores de pensamiento se entienden como un error en el procesamiento de la información asociado a unas creencias desadaptativas o que no se ajustan al entorno. Este error va a mediatizar nuestra conducta y a influir en nuestro estado emocional.
Estos errores de pensamiento los tenemos todos con mayor o menor frecuencia. Pero cuando por sistema, procesamos la información de forma errónea, obtenemos consecuencias negativas en los distintos ámbitos de nuestra vida: personal, profesional, familiar, etc.
Veamos cuales son los más comunes.
Prestar atención a lo negativo: la atención se presta fundamentalmente a los aspectos negativos o inadecuados, de un evento, hecho, circunstancia o persona, ignorando otras características. Dicho de otro modo, sobrevalorar lo negativo e infravalorar lo positivo o directamente no verlo.
Por ejemplo: Antonio va a comprar y se olvida del azúcar, en su mente sólo aparece el error del olvido, no los aciertos de haber comprado todo lo demás adecuadamente.
Pensamiento todo-nada: las situaciones que vivimos, las concluimos de manera extremista y/o dramáticos. Es decir, la forma de evaluar las situaciones no se mide en un continuo, si no en un todo o nada, blanco o negro, sí o no, siempre o nunca.
Por ejemplo: Marta piensa que su hija, al no haber llegado a la facultad, o ha tenido un accidente con el coche o se ha quedado dormida.
Generalizar: el error consiste en sacar conclusiones generales a partir de un detalle específico.
Por ejemplo: Ana, dice ser un desastre y no valer para nada porque anoche se dejó una luz encendida.
Sacar conclusiones sin datos: ante una situación determinada, llego a conclusiones, sin tener datos suficientes.
Por ejemplo: cuando presuponemos o adivinamos las intenciones, actitudes o pensamientos de otros; o cuando predecimos el resultado de eventos antes de que sucedan.
Deberías: ver la vida según lo que uno piensa que “debería” ser, en lugar ver las cosas como son.
Por ejemplo: podríamos detectarlo en expresiones del tipo debería de ser, tendría que ser,…
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