¿Qué es el egoísmo sano?

egoismo sanoEntendiendo el egoísmo sano

Un tema muy recurrente en consulta es eso del egoísmo sano o saludable. Cuando hablamos de egoísmo sano, hacemos referencia a la capacidad de cuidar de nosotros mismos, de cubrir nuestras propias necesidades y de hacer aquello que realmente queremos hacer, sin sentirnos culpables.

Decimos que es un tema recurrente en consulta, ya que encontramos a muchas personas que tienen una necesidad extrema de complacer a los demás por encima incluso de su propio bienestar. En muchas ocasiones, no porque voluntariamente se quiera, si no, porque no se sabe funcionar de otro modo.

Y es que, desde pequeñitos nos han enseñado que ser egoístas es malo (“Tienes que compartir con el hermano…”, “Tienes que prestarle tus juguetes a la niña…”). Y a medida que nos vamos convirtiendo en adultos, lo premiamos (“Que buena persona es, siempre está dispuesta para todo”, “Seguro que te dice que sí, es un cacho de pan”).

Pero, no nos han enseñado qué consecuencias tiene no saber poner límites, no saber decir que no, anteponer las necesidades de otros a las propias nuestras,… es decir, la fina línea que hay entre la generosidad y la sumisión.

Pero ¡ojo! Hablamos de egoísmo saludable porque nada tiene que ver con pensar únicamente en nosotros; no hacer favores a las personas que nos importan, o a las que no;  ser interesados; o atendernos exclusivamente a nosotros, olvidándonos de los demás.

Y es que, la clave está en el equilibrio. Si damos muchos nos vaciamos, pero si no damos nada, nos convertimos en personas solitarias. Es por ello que hablamos de egoísmo saludable. En palabras de los doctores Richard y Rachael Heller: “el egoísmo sano consiste en respetar las propias necesidades y sentimientos aunque los demás no lo hagan. Sobre todo si los demás no lo hacen”.

Cómo afecta no priorizar hacia el egoísmo sano

egoismo saludableCon seguridad que habrás escuchado muchas veces eso de “si no te cuidas tú quién te va a cuidar” y es que, de eso se trata. Para poder atender a los demás, escucharles, hacer cosas por ellos, cuidarlos y un largo etcétera, antes, tenemos que hacerlo hacia nosotros mismos.

Si nosotros no estamos atendidos, plenos y al 100%, difícilmente podemos ofrecer calidad, al menos no, mantenida a largo plazo.

Un ejemplo de ello sería la siguiente situación: cuando salgo de trabajar, me voy a casa porque allí me espera mi familia, aunque realmente he salido muy estresada y lo que mejor me viene es ir a hacer un rato deporte. Pero no, me sacrifico porque lo mejor es no llegar tan tarde a casa y ayudar. Si mantengo este comportamiento por mucho tiempo, la frustración que me genera no dedicarme ese espacio para mí, se acumulará y acabaré estallando con mi familia.

Una situación más extrema se da cuando este tipo de comportamientos se mantiene a largo plazo y en distintas esferas de la vida. Cuando ocurre con la familia, los amigos, en el trabajo, con los vecinos,… las personas excesivamente pendiente de las necesidades de los demás y muy poco preocupadas de ellas mismas, se suelen llegar a sentir utilizadas por los demás y culpables cuando tienen que decir no.

Otra de las posibles consecuencias de no practicar el egoísmo sano es que existe una mayor probabilidad de establecer vínculos tóxicos con las personas que nos rodean, pudiendo mantener relaciones de dependencia.

Y por último, una que tiene que ver más con nosotros mismos. Pone en riesgo nuestro equilibrio emocional. El estar tan pendiente de los demás y olvidarnos de nosotros mismos, puede hacer que terminemos estresándonos y a la larga, afectando a nuestro bienestar emocional.

amor propioPor evitar todo esto y por la liberación que supone

atender a los demás cuando nos hemos preocupado

primero de estar al 100%, os animamos a que empecéis

a practicar el egoísmo saludable.

En la siguiente entrada, os daremos algunos trucos

para conseguirlo.

 

 

 

Fuente de la imagen: vanguardia, pixabay y pinimg

 

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