Cómo gestionar la ira

iraCómo gestionar la ira

—Venerable —le dijo—, soy muy desafortunado por culpa de mi carácter. Tengo muy mal genio y ataques de ira incontrolables, pero quiero cambiar.

—Para conocerte mejor —respondió el sabio—, necesito contemplar tu furia de cerca.

— ¿Cómo? Ahora no tengo furia…

—Lo haremos así: ahora vete y, cuando sientas cólera, vuelve rápidamente para que yo vea cómo se manifiesta en ti.

El hombre regresó a su casa y cuando, unos días después, se impacientó, corrió a visitar al sabio, que vivía en lo alto de una colina.

—Ya he vuelto —dijo el hombre sofocado.

—Bien, pues enséñame tu enojo.

El problema era que, mientras subía la colina, su ira había desaparecido.

—Ya no estoy enfadado —se excusó el hombre.

—En este caso —repuso el sabio—, cuando vuelvas a tener ira, ven más rápido para que pueda ver cómo se manifiesta en ti.

Días más tarde, la furia volvió a poseer al hombre. Como una exhalación, salió corriendo para ver al sabio.

Pero cuando llegó agotado a la cima de la colina, ya se le había pasado de nuevo el enfado.

Fue regañado por el sabio:

— ¡Tienes que venir más rápido cuando te irrites, de lo contrario no podré ver tu enojo!

Pasaron unos días más y el hombre sufrió un nuevo ataque de furia. Salió corriendo, tanto como sus piernas le permitían, y llegó a la cima auténticamente extenuado. Una vez más, la ira se había esfumado.

El sabio le dijo entonces:

— ¿Te das cuenta? La ira no te pertenece. No es tuya y por eso la pierdes por el camino. Voy a darte la solución: la próxima vez que la ira quiera poseerte, no la aceptes. ¡Suéltala!

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